miércoles, 22 de junio de 2016

ALQUIMIA TAOISTA

“La alquimia secreta del yoga taoísta", en suplemento cultural Identidad de El Mexicano, 24 de enero de 1988. El hombre es un conjunto de dos complejos estados que se caracterizan por ser inseparables: lo que se sueña y lo que se realiza. Existiría un punto intermedio que los contiene a ambos. Ese punto exacto de donde parten o adonde llegan el sueño y la realidad es el Yo. No ese Yo egoísta que piensan algunos intelectuales europeos o que proclaman ciertas escuelas estadounidenses. El Yo al que se refiere el taoísmo es el centro más íntimo e inevitable de cada alma, que algunos simbolizan con la figura de un hombre en el cielo con los brazos extendidos, apuntando con uno hacia la Tierra y con el otro hacia el infinito. Es el Yo común a todos nosotros, porque es igual en todos los hombres. Es Dios. Es el sentido. El taoísmo es completamente actual y vigente porque se refiere a una sola cosa: la inquebrantable metamorfosis del hombre, mutación que se basa en la unidad, que no es una unidad imaginaria, teórica; por el contrario, es la vida misma, métrica, opuesta, enfrentada, llena de todo siendo como la nada. Es esa facultad de renacimiento que anuncia en los cielos el Ave Fénix, también tallada en el Templo Mayor cuando viajaba desde Aztlán a la tierra de los tambores.

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